VIDA LATENTE
Nadie en el pueblo
Sólo huesos lanosos y resecos
Alguna entrada con la puerta rota
Los vidrios manchados de grasa polvorienta
Las luces quemadas del cielorraso reventado
Y unas cuatro palomas por la calle desnutridas
No han querido marcharse por fatiga
No hemos encontrado biografías
Ni recibos de caja ni periódicos ni grabación alguna
Sólo un telescopio traído de Inglaterra
Que funcionaba como tranca en cantina
Le han grabado torpemente el nombre de Azucena
Nadie está vivo
-No lo estuvo-
Han de haber sido fantasmas poderosos
Que hicieron crecer las multitudes
Con horas infinitas de trabajo
Mientras el bochorno olía a mar y queso frío
Y los sueños escapaban en desorden
Viejas herramientas cubiertas por cartones
Nidos de araña que cubren los candados
Y una fuga de agua permanente que cruza
Desde el fondo de la calle
Unos arbustos creciendo en medio caño
La sonoridad del riachuelo en medio pueblo
Una aurora que llega tanto puntual como el insecto
Y en el pueblo nadie
Muerto muerto
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