viernes, 6 de noviembre de 2020

PIEDAD LECTORA


El poema era un hediondo cadáver sobre la plancha de acero.

El frío le salvaba de las moscas.
Pequeñas gotas de escarcha resbalaban de su frente
Y un tono amarillo invadía sus párpados.
Bajo la sábana, el vientre hinchado.
Junto a los pies, un yogurt apenas comenzado
Una etiqueta con su número de oficio colgada al dedo gordo
Un tatuaje de un buitre en el tobillo
El poema tenía rigor mortis
La forense consideró que no había chances de su fuga
Y le dejó
ֶ solo el resto de la tarde 
Pues era su derecho ir al cine en cumpleaños
Y ya sabía decirle la experiencia
Que las malas costumbres le habían dado muerte poco a poco
No hablo del alcohol no
Cada uno decide lo que le viene saludable
Me refiero a las gentes imposibles
A estar soportando a los idiotas
A cuidar las formas del lenguaje
El poema tenía cuchillos escondidos en sus dedos
Pero se los había amputado la moral
Y empezó a desangrar dulce de leche
Se le bajó el azúcar le colapsó el hígado
Le punzaba el riñón por las aguas puritanas
Se había vuelto una bola de grasa bien curiosa
Decorada como una ensalada cinco estrellas
Tenía tanto que decir y solamente servía en concursos de cocina
El poema era un plato fracasado asquerosamente empalagoso
Cuando la forense vuelva del cine sabrá claro
Lo urgente que es tirarlo al cesto de basura.

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