Secuencia de cuarta novela del ciclo Malanga.
LAS MALEDICENCIAS DE ANA
Es un maldito agente doble. Nada de que recibe plata de acá o allá: es que trafica armas: Hizo riqueza con la crisis del capital que ocho años atrás destrozó todas las monedas hasta volvernos a los días del trueque. Parece que fue la mano derecha de la sindicalista Óvalos de Calcio, hoy desaparecida luego de su fuga del país. Esta gallina entregó todas las riquezas de su gremio a cambio de un salvoconducto que le protegiese y desapareció sin dejar ni una nota explicativa.
Trabajar para la agencia, no creo. Le pedí a Ronnie que revisara la hoja de delincuencia y la vida del tipo. Va llegando a los sesenta años, es de Playa Humo, ha estado preso por narcotráfico en ellos días de la prohibición. Hoy ya no porque todo se legalizó y lo único que venden los malditos traficantes es chocolate con dulce de leche, que la ministra de salud proscribió por sus efectos en la población juvenil y en los diabéticos que en estas fechas suman el 25 % del padrón de Malanga.
Decidí no encuestarlo porque me pareció peligroso. Un tipo solitario, con bodegas sombrías cerradas con grandes cadenas y con un rifle Winchester junto a la caja registradora. Ése no logré verlo, pero ha salido a flote en varias conversaciones del vecindario y no dudo que sea cierto.
Ahora, me explico. No todos los huevos de aquellos tiempos eran huevos. Aquel sindicato era vinculado a lo clandestino: traficaban armamento y granadas. A éstas las pintaban de blanco o de color café claro y pasaban las aduanas en dirección a todo el mundo. Parte de la inflación, ya se sabe, se origina en la especulación y el negocio armamentista tiene mucho que ver con eso.
Parece que ha logrado conchabar con la agencia de sicariato que hay allí, en Tres Vidas. Cuando sale algo grande, usan estos huevos falsos. En lugar de repartir bala a ocho ejecutivos, sale mucho más barato hacer detonar cinco granadas que los despacha en menor tiempo. Y no requiere de demasiados operarios.
La verdad, yo tengo pendiente resolverme sobre este tema, pero no ahora. Ya he contado que mi candidato titular parece ser socio de varias corporaciones de la muerte. Esto está sumiendo al país en un estancamiento pues no hay consumidores, se produce poco y se invierte nada (un funeral, por ejemplo, no da rendimientos a futuro).
Entonces, si yo fuese la presidenta de este agujero olvidado y con fama de paraíso (hay que ver el turismo que nos llega, a pesar de la fama que estamos logrando porque uno que otro turista ha sido borrado por error de empresas no bien organizadas que confunden las fotos del expediente), supongo que debería derogar esta ley que tuvo buenas intenciones (pacificar las calles, ante todo), pero que ha derivado en la parálisis económica más aguda pues a esto debemos sumar la IA y las basuras de las cámaras empresariales que aprovechan el hambre colectiva para imponer reformas esclavistas.
Volviendo al pulpero Clemente, parece haber sido marero. Habría andado unos años en Los Ángeles, mas algún contacto político lo salvó de las rejas y lo trajeron acá como agregado consular. Seguramente así pudieron inventarle eso de tener un pasado en la Agencia, de haber estado ligado al tráfico de armas y capitales, pero con el consenso de las grandes agencias de seguridad y lo de ser un genio matemático.
No lo creo. El muchacho del taller de Miguelón me contó un día que él nunca compra nada allí porque al tal chino se le dificulta hasta dar un vuelto. Por todas partes, tiene ábacos de madera atornillados al mostrador para sacar sus cuentas.
Ha de ser bruto, sin duda. Debería ser un personaje de comedia barata y no un tipo de aura peligrosa.
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