EL RECLUTA SE ENCUENTRA BAJO OBSERVACIÓN, NO HAY DE QUÉ PREOCUPARSE
Me pregunta usted si Lunes trabaja
para nosotros.
Sí y no, permítame explicarle.
Él fue de los primeros
reclutas que tuvimos. Nos pareció doloroso que un veterano de guerra viviese
como empleado de una librería de viejo, que ni seguro social le ofrecía. Nosotros
ya nos habíamos cruzado antes en diferentes misiones pues ahí donde lo ve, el señor
Misericorde estuvo en fuerzas especiales y luego, durante dos o tres años trabajó
para la Agencia.
¿Cuál Agencia? No sea majadera. Eso averígüelo usted si no
teme por su vida. Acá no podemos decir el nombre completo. De las cosas de
seguridad, se mantiene sigilo.
Lunes era un empleado responsable.
Dos tiros por persona repartía y bien ubicados, casi siempre en la frente del
candidato. Eso no quita que los otros compañeros lo molestasen por su estatura
y por su supuesta fragilidad. Le habíamos condicionado a no mostrar sus dotes
de carnicero, así que, ante una estigmatización, simulaba intentar patear al
infractor y éste lo detenía con el estiramiento de sus extremidades superiores
que colocaba sobre la cara del enano.
Casi una chanza, totalmente
en regla.
Fue la octava misión de
Lunes la que le trajo el castigo. Yo sé que lo han visto repartiendo volantes nuestros
en este barrio y en el centro de Artifiicio. Es la pena que le impusimos para
ver si ha ganado autocontrol. Ese día, una mujer cuyo nombre debemos mantener en
reserva, esperaba que acabásemos con su marido, un importador italiano de telas
que tenía tratos con la mafia. Si estoy hablando en pasado, es porque luego se
completó el trabajo. Era un jueves y el
maldito enano se levantó con el santo de espaldas. Verá usted, por su estatura, él debe colocar el
revólver en diagonal al rostro de su objetivo, de modo que dispare hacia arriba…
No podía ser distinto
con un caballero que superaba el metro noventa, aunque estaba en recuperación
de cierto malestar en las rodillas que lo motivaba a andar despacito.
Pues bien, justo en el
momento en que lo pone en la mira y dispara, una mosca se posa en la nariz del
gatillero. Éste se incomoda y pifia el disparo.
En consecuencia, dos maravillosas lámparas de araña, traídas de Italia
se hacen trizas. Las astillas de cristal
de Murano salen en todas direcciones casi hechas polvo y sus pequeñas agujas alcanzan
a lastimar al gato persa que reposaba cerca de la chimenea, a pesar de estar
ella apagada.
El animalito sale
corriendo en busca de su ama que lo acoge en brazos. Luego de entregarlo a su
ama de llaves, doña Carmena muy enojada se acerca al tirador con tremendón
botellón de vino, que le estampa en la frente. Lunes es un maldito cabeza de
piedra: resiste el golpe y, casi de inmediato, reacciona: muerde a la mujer cerca del codo y, como si
fuese perro de traba, no la suelta.
Los compañeros de
equipo de Lunes, para evitar males mayores, lo deben anestesiar con trapos empapados
en cloroformo. Acto seguido, lo amarran y lo meten en la cajuela del coche
empresarial. Y llaman al 911 para que
asuma la curación de un daño colateral, que pega gritos y maldice peor que las
doñitas del mercado cuando alguien les intenta robar un rollo de culantro.
La no viuda amenaza con
demandar a la empresa por el sufrimiento emocional y otras pendejadas afines,
pero condiciona no hacerlo a que el contrato se cumpla de inmediato. Así que
mientras Lunes Misericorde es trasladado a una jaula de terapia dormido, otra
unidad de Sicarios se acerca al punto para terminar la tarea. Solamente se demoran en preparar un reporte
explicando que esta vez gastarán dos balas adicionales debido a un accidente
que cubre el seguro de riesgos de trabajo (adjuntar número de póliza y último
recibo cancelado).
Cuando tienen todo
listo, van directo al balcón donde el señor Malvadini está brindando por su
sobrevida y sin decir “agua va” le pegan dos tiros que hacen blanco simétrico
sobre cada ceja.
Nosotros quedamos muy
contentos de dar buen servicio a gente de bien. Fíjese usted que doña Carmen,
preocupada por el sufrimiento articular de su marido, estaba urgidísima de
aplicarle la eutanasia, cosa a la que su marido se negaba.
Era, pues, necesario el
factor sorpresa.
¿Me desvié del tema?
Perdone, me gustan las historias. En cuanto a Lunes, es un hombre adulto —ya
pasa los cuarenta años— pero es peligroso.
Ud. sabe quedan
secuelas, psicosis de guerra.
Jamás lo infiltraríamos
en una escuela, no. Quitarse la barba fue
otro yerro que cometió sin avisarnos y nos dimos cuenta porque el Comité de Buenas
Costumbres del vecindario Tres Vidas no mandó extensa carta con cuarenta firmas.
Tranquilos, no volverá
a suceder. Si todo sale bien, le daremos de alta como sicario hacia el mes de
marzo venidero. Sólo tiene que mantenerse sin síntomas de rabia unos meses más.
También sabe que si
vuelve a morder a alguien, somos duros.
El reglamento estipula
que le toca ser sacrificado.
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