SONETO DE DESARRAIGOS
No sostiene sus hábitos tres días.
Se muda de posada a medianoche.
No le interesa el ruido de los coches:
Si todo está en silencio, desconfía.
Duerme con un puñal de piedra fría.
Su paladar amargo es un helecho
Tostado por la fiebre. Tiene el pecho
Cortado por navajas y ambrosías.
Duerme mal. Fue plantado en el desierto:
No logra reparar su desconcierto,
Su síntoma febril, su agotamiento.
Cuando deja el lugar,
cambia la máscara.
Se despoja lo seco de su cáscara
Y cambia de desierto y sufrimiento.
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