domingo, 6 de agosto de 2023

Vileta de cuarta novela del ciclo Malanga

ENTRETELONES, CHORIZOS

 

—Tenemos que hablar— le digo a Ana cuando contesta.

—Ya sé que andás con otra, no jodás— responde.

—No es eso. Zonas grises se está organizando para meternos una demanda por la estafa de las viviendas. Vas incluida allí.

—Yo abandoné hace tiempo. Antes de los problemas.

—Igual te va a salpicar. Necesitamos parar esto.

—La verdad es que vos me ayudaste a llegar acá. Dame chance de buscar apoyo.

—Escucháme, tengo la respuesta. Es muy simple.

—No jodás. Ahora sos genio.

—Genio, no. Astuto. Lo que tenemos que hacer es acabar con esas barriadas donde empezaste tu carrera. También con Cuesta de los Monos porque son testigos muy cercanos.

—Pues no tengo tanta plata para sicarios.

—No, eso no. Basta con demoler la comunidad. La excusa es la urgencia de un nuevo relleno sanitario, un botadero. Si los disgregamos, triunfamos.

—Necesitaremos apoyo del alcalde. De por sí, el chavalo es de los nuestros.

—No te olvidés de los estudios técnicos. Hay que elaborarlos; necesitaré plata para eso.

—Ni que fuese tu mama, vividor. Te consigo un presupuesto mínimo porque el alcalde cobra caro. Decíle al jefe tuyo que aporte algo.

—Ese chavalo sólo deudas. Mejor aún, dános la concesión del relleno sanitario y una torta paga la otra.

—Entonces, yo voy a querer mi parte también, Román.

—¿Y…? Decí cuánto y lo metemos de sobreprecio— le hago ver con sencillez.

Escucho un ajá gutural y Ana cuelga suave el auricular. En ese instante voy masticando ya la uña del cuarto dedo; he devorado las anteriores.

Escupo las esquirlas.

Toda esta mierda pasa sin testigos, pero tenía la urgencia de contarlo. No entiendo cómo los chorizos generan tanto nerviosismo.


 


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