ALIADOS QUE MIRAN EL PRESENTE DESDE LA ZONA DE CONFORT
—Esta tarde, el señor
Leonardo Retepiso, vicepresidente de la República y empresario líder del sector
inmobiliario nos acompaña en la edición meridiana de La Patraña.
La mujer que habla ante
cámaras tiene algo menos de cuarenta años, figura bien cuidada, cabello corto y
usa un blazer azul. Ah, pero unos zapatotes de aguja como de quince centímetros
porque es ligeramente chaparrita.
El set es de tonos grises
que migran a celeste con franjas oscuras que no alcanzan a ser negras. A mano
derecha y arriba se ve el logo del programa que es una lengua anudada en sí
misma que gotea un veneno verdoso.
La cámara abre la toma y
muestra que, al otro lado izquierdo de la presentadora y unidos por un escritorio
blanco hueso que los distancia, unos seis
metros, se encuentra el susodicho.
—Buenas tardes, doña
Olga. Un placer estar aquí— dice el hombre mientras se talla el nudo de la
corbata.
—Entiendo que nos tiene
buenas noticias, don Leo. Cosas de economía, ¿cierto?
—Dice bien, estimada.
Queremos anunciar que el desempleo ya va por cinco por ciento y que, en los
próximos ocho meses, estimamos que llegará acero.
—Eso es un portento. No
hay antecedentes históricos de algo así.
—Pues estamos orgullosos
de ello. Fíjese que, además, al haber menos población ahora, el PIB per cápita
ha subido un seiscientos por ciento.
—Y eso, ¿cómo lo
explica?— Olga Patogreis hace que revisa su laptop como si comprobase datos.
—La austeridad nos ha
permitido una mejor distribución de la riqueza. Ahora, también tenemos que
atacar problemas como el abandono de las ciudades. Queremos atraer pensionados
rentistas que se establezcan en el país para dinamizar el comercio. Es que
también necesitamos de consumo interno.
—¿Seguro que nada tiene
que ver la Ley de Sicariato Profesional con las cifras que nos trae hoy? Porque control de la natalidad tampoco es que
se haga mucho. Entiendo que las distintas congregaciones religiosas se resisten
a la planificación.
—No, jamás. Lo que ocurre
es que nuestra población ha madurado. Posiblemente a causa del incremento de la
seguridad en lo cotidiano. Recuerde usted las épocas espantosas de las
balaceras en calle. Nosotros logramos superar esto burocratizando la muerte, de
modo que aquel que le toca no provoque colaterales. Por ahí, esa ley debe
corregirse pues a los ricachones exportadores les concede derecho a defenderse,
por lo que todavía hay focos de violencia imprevista. Estamos conversando sobre
ello con todas las fracciones de oposición.
—Oíamos ayer a varios
líderes sindicales quejarse de que borrar a un sujeto es algo caro y además muy
lento. Ustedes deberían preocuparse por la agilización de trámites, no vaya a
ser que uno paga al sicario y la víctima huya del país mientras se verifica que
todo esté en orden.
—Por eso mismo es que se
han dado directrices de modo que, si al que matan es un no contribuyente, baste
el recibo y el sello del supervisor jefe de la empresa sicaria. Ya en caso de
ser un sujeto que paga impuestos, antes revisamos cuánto dejará de recibir
Hacienda para que se indemnice al fisco por la baja.
—Don Leo, también he
escuchado que ahora que los barrios se vacían, hay manadas de coyotes en todas
partes. Ahora que venía hacia el canal me topé con una jauría de veintitrés
elementos y eso es malo.
—Perdone, ¿qué ha querido
decir con eso? Recuerde que nos debemos al turismo y que conforme los barrios
se destruyan y se vuelvan miniselvas, el atractivo ante el turista se dispara.
Nuestro gobierno tiene conciencia ambiental y es por eso que procuramos un
estado primitivo de los barrios.
—Eso lo entiendo, pero
¿usted no ha escuchado que es de mala suerte que los animales anden en
cantidades primas? Habría que sacrificar por lo menos un elemento para darle
tranquilidad a la gente. Aparte de que toda la gente prefiere esos bichos a
niños y seres bajitos. Habrá que pensar en una política social para enanos.
—De nuevo, le interrumpo,
doña Olga. Tiene allí una contradicción enorme. Recuerde que somos darwinistas
y la selección natural hará lo suyo. De hecho, parte de lo que debemos
agradecer a la Ley de Sicariato, que pronto cumplirá siete años, es la
depuración social. Aunque nos hayamos cargado la democracia, cosa que a los
grandes capitales les viene de maravilla.
—Ah, veo que se está
acabando el tiempo, señor vicepresidente. Mejor vamos al punto. Usted nos
quiere invitar a celebrar el presente,
entiendo.
—Así es. Este domingo
celebraremos la megapiñata nacional del presente. Guaro y comida chatarra para
todos los que lleguen vestidos con los colores patrios de Malanga. Será en el
parque central de Artificio desde las nueve de la mañana. Habrá juegos tradicionales
y rifaremos cinco indultos, perdones ejecutivos, de tal modo que aquellos que
los obtengan sean perdonados por su sicario de forma instantánea. Durante seis meses, nadie podrá mandarlos a
borrar, vea qué ganga. No falten porque esta fiesta sustituye aquella anacronía
de las pensiones que ya vimos, se perdieron invertidas jugando con capitales de
grandes ligas en bolsas imperiales. Aclaro que eso no fue culpa nuestra, fue
una disposición que nos llegó de parte de los organismos internacionales.
—Perfecto, don Leo. Vamos
a una pausa y volvemos con los deportes. Ayer, la selección nacional de
patinaje empezó su ciclo de rifas de ollas de presión para recaudar fondos para
acudir a los juegos regionales del año entrante. No se pierda detalle.
Apagan cámaras y reflectores y Olga se
acerca a Leonardo y le estrecha la mano. Éste le devuelve un audífono
inalámbrico que colgaba de su oído izquierdo para que su asesor le dijese qué
responder siempre. En el mismo acto, un sobre gordito de manila resbala hacia
el brazo de la presentadora.
—Hasta pronto, querida.
Trabajamos bien juntos.
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