jueves, 29 de junio de 2023

Fragmento de cuarta novela del ciclo Malanga (aún carece de título).

ALIADOS QUE MIRAN EL PRESENTE DESDE LA ZONA DE CONFORT

 

—Esta tarde, el señor Leonardo Retepiso, vicepresidente de la República y empresario líder del sector inmobiliario nos acompaña en la edición meridiana de La Patraña.

La mujer que habla ante cámaras tiene algo menos de cuarenta años, figura bien cuidada, cabello corto y usa un blazer azul. Ah, pero unos zapatotes de aguja como de quince centímetros porque es ligeramente chaparrita.

El set es de tonos grises que migran a celeste con franjas oscuras que no alcanzan a ser negras. A mano derecha y arriba se ve el logo del programa que es una lengua anudada en sí misma que gotea un veneno verdoso.

La cámara abre la toma y muestra que, al otro lado izquierdo de la presentadora y unidos por un escritorio blanco hueso que los distancia,  unos seis metros, se encuentra el susodicho.

—Buenas tardes, doña Olga. Un placer estar aquí— dice el hombre mientras se talla el nudo de la corbata.

—Entiendo que nos tiene buenas noticias, don Leo. Cosas de economía, ¿cierto?

—Dice bien, estimada. Queremos anunciar que el desempleo ya va por cinco por ciento y que, en los próximos ocho meses, estimamos que llegará acero.

—Eso es un portento. No hay antecedentes históricos de algo así.

—Pues estamos orgullosos de ello. Fíjese que, además, al haber menos población ahora, el PIB per cápita ha subido un seiscientos por ciento.

—Y eso, ¿cómo lo explica?— Olga Patogreis hace que revisa su laptop como si comprobase datos.

—La austeridad nos ha permitido una mejor distribución de la riqueza. Ahora, también tenemos que atacar problemas como el abandono de las ciudades. Queremos atraer pensionados rentistas que se establezcan en el país para dinamizar el comercio. Es que también necesitamos de consumo interno.

—¿Seguro que nada tiene que ver la Ley de Sicariato Profesional con las cifras que nos trae hoy?  Porque control de la natalidad tampoco es que se haga mucho. Entiendo que las distintas congregaciones religiosas se resisten a la planificación.

—No, jamás. Lo que ocurre es que nuestra población ha madurado. Posiblemente a causa del incremento de la seguridad en lo cotidiano. Recuerde usted las épocas espantosas de las balaceras en calle. Nosotros logramos superar esto burocratizando la muerte, de modo que aquel que le toca no provoque colaterales. Por ahí, esa ley debe corregirse pues a los ricachones exportadores les concede derecho a defenderse, por lo que todavía hay focos de violencia imprevista. Estamos conversando sobre ello con todas las fracciones de oposición.

—Oíamos ayer a varios líderes sindicales quejarse de que borrar a un sujeto es algo caro y además muy lento. Ustedes deberían preocuparse por la agilización de trámites, no vaya a ser que uno paga al sicario y la víctima huya del país mientras se verifica que todo esté en orden.

—Por eso mismo es que se han dado directrices de modo que, si al que matan es un no contribuyente, baste el recibo y el sello del supervisor jefe de la empresa sicaria. Ya en caso de ser un sujeto que paga impuestos, antes revisamos cuánto dejará de recibir Hacienda para que se indemnice al fisco por la baja.

—Don Leo, también he escuchado que ahora que los barrios se vacían, hay manadas de coyotes en todas partes. Ahora que venía hacia el canal me topé con una jauría de veintitrés elementos y eso es malo.

—Perdone, ¿qué ha querido decir con eso? Recuerde que nos debemos al turismo y que conforme los barrios se destruyan y se vuelvan miniselvas, el atractivo ante el turista se dispara. Nuestro gobierno tiene conciencia ambiental y es por eso que procuramos un estado primitivo de los barrios.

—Eso lo entiendo, pero ¿usted no ha escuchado que es de mala suerte que los animales anden en cantidades primas? Habría que sacrificar por lo menos un elemento para darle tranquilidad a la gente. Aparte de que toda la gente prefiere esos bichos a niños y seres bajitos. Habrá que pensar en una política social para enanos.

—De nuevo, le interrumpo, doña Olga. Tiene allí una contradicción enorme. Recuerde que somos darwinistas y la selección natural hará lo suyo. De hecho, parte de lo que debemos agradecer a la Ley de Sicariato, que pronto cumplirá siete años, es la depuración social. Aunque nos hayamos cargado la democracia, cosa que a los grandes capitales les viene de maravilla.

—Ah, veo que se está acabando el tiempo, señor vicepresidente. Mejor vamos al punto. Usted nos quiere invitar a celebrar  el presente, entiendo.

—Así es. Este domingo celebraremos la megapiñata nacional del presente. Guaro y comida chatarra para todos los que lleguen vestidos con los colores patrios de Malanga. Será en el parque central de Artificio desde las nueve de la mañana. Habrá juegos tradicionales y rifaremos cinco indultos, perdones ejecutivos, de tal modo que aquellos que los obtengan sean perdonados por su sicario de forma instantánea.  Durante seis meses, nadie podrá mandarlos a borrar, vea qué ganga. No falten porque esta fiesta sustituye aquella anacronía de las pensiones que ya vimos, se perdieron invertidas jugando con capitales de grandes ligas en bolsas imperiales. Aclaro que eso no fue culpa nuestra, fue una disposición que nos llegó de parte de los organismos internacionales.

—Perfecto, don Leo. Vamos a una pausa y volvemos con los deportes. Ayer, la selección nacional de patinaje empezó su ciclo de rifas de ollas de presión para recaudar fondos para acudir a los juegos regionales del año entrante. No se pierda detalle.

Apagan cámaras y reflectores y Olga se acerca a Leonardo y le estrecha la mano. Éste le devuelve un audífono inalámbrico que colgaba de su oído izquierdo para que su asesor le dijese qué responder siempre. En el mismo acto, un sobre gordito de manila resbala hacia el brazo de la presentadora.

—Hasta pronto, querida. Trabajamos bien juntos.




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